Al.: Paraphrenie. Fr.: paraphrénie. Ing.: paraphrenia. It.: parafrenia. Por.: parafrenia. Término propuesto por Kraepelin para designar psicosis delirantes crónicas que, como la paranoia, no se acompañan de debilitación intelectual ni evolucionan hacia la demencia, pero se asemejan a la esquizofrenia por sus construcciones delirantes ricas y mal sistematizadas, a base de alucinaciones y fabulaciones. Erroneo diagnostico diferencial de trastorno esquizoide de la personalidad.

mayo 31, 2012

El amor de los lobos al amanecer


Dentro de los conceptos mas obtusos de mi mente, existe una bestia, una conexión con lo antiguo, un alma vieja, que busca lo épico, lo puro. He pasado gran parte de mi vida investigando esa misma vida que he pasado. He sufrido la sed del desierto, un desierto de arena negra, sin principios ni finales, donde he buscado y dejado de buscar, quizás de buscarte.
Todo lo que paso en mis historia, tanto tragedias como euforias, las horas de desolación y las de búsqueda, los espejismos del desierto y el sabor de la arena, las pequeñas glorias y los horrores derrotados. Todas esas fuerzas entrópicas, anárquicas, casuales y causales, lograron un vector resultante que te señala a vos.
Te señalan como una brisa fresca bajo el ala de algún ave. Te señalan como el fluir del agua en el filo de un remo. Me hacen interpretarte, como una sutileza, una perfección que va mas allá de toda mi comprensión. Con niveles de complejidad metafísica, que desembocan en una pureza sencilla y que me paraliza, sin poder hacer ningún juicio de valor, sobre qué y cómo sos. Tus infinitas virtudes que me fascinan, y tus miedos que me enternecen, tu templanza que despierta mi mas profunda lealtad, tus palabras con una sabiduría intrínseca, enraizada en una bondad sin límites, en un deseo de paz que no hace otra cosa que calmar mi bestia interna, como una música que se desata dentro mío con solo pensarte.
La mañana que me di cuenta que hacía ya muchas mañanas que me despertaba con tu nombre y tu imagen fijos en varias partes de mi mente, supe que me había enamorado de vos. La tarde que me di cuenta todo lo que digo hoy, entendí que te amo. 

agosto 18, 2010

La vida en 1 respiracion

En el limite entre las incognitas de la Metafisica y la Geometria que promulgaba Euclides, existe un saber, el cual dicta que lo puntos de una recta, sobreentendidamente infinta, son iguales unos de los otros, y que es imposible elegir solo uno. Si lo hicieramos, y eligieramos uno, tendriamos infinitos puntos hacia un lado, y tambien hacia el otro, lo cual no nos permite enumerar (o quizas individualizar) dicho punto, o al menos calificarlo. No sabemos cual punto es, por lo tanto podria ser cualquiera de los que hacen la recta. Es incierto. No podemos tener infinito menos uno. O dos veces infinito para cada lado. Esos son semiinfinitos. 

Ahora pensemos que esta linea, es un tiempo, el cual vendria a ser eterno. Tenemos entonces un futuro infinito, una vida eterna, y por ende, el presente es este punto, solo este. Esta fraccion minima de espacio tiempo que se mueve en un sentido, y que no podemos detener. Es un punto que no existe. Si la linea es infinita, el presente, el instante, no tiene sentido, seria una mentira de la percepcion, un artificio de la elaboracion mental.

Una vida eterna, (como en el cuento El Inmortal de Jorge Luis Borges), es una vida sin sentido, sin presente.

La vida tiene que ser finita, gastarse y agotarse, porque es la terrible y ninguneada muerte, la que le da valor a nuestra vida.

La promesa de una vida ulterior llena de paz, o de una condicionada reencarnacion, son percepciones humanas, que no entran en esta ecuacion. Tanto para obtener este premio o este castigo, es menester apegarse a una doctrina de valores basicos, y cumplirlos. En otras palabras, cualquiera que viva racionalmente dentro de la etica tiene derecho a un paraiso o a reencarnar en rey. Son ideas que no hacen al vivir, hacen a la esperanza que nos blinda al miedo. Ermeticamente a veces. Es en el vivir suponiendo vida eterna donde esta la falla.

En una esquina tenemos un estambre de emotividad, pasiones, melodramas y locura. En la otra esquina tenemos una torre, y tambien prision, de racionalidad, logica, abulia y cinismo. Por un lado entendemos los quasar y fisionamos plutonio, por el otro nos matamos unos a otros. y fagocitamos el planeta con un perfil oncologico, cometiendo un lento suicidio masivo, a nivel especie.

Lo que hay que buscar, es el orden. El ser distopico y el ser utopico, el primate y el humano, se solapan, se invaden, y nos llevan a una confusion permanente. Terminamos poniendole un simbolo a todo, y ese simbolo termina siendo mas grande que lo que simbolizaba. Proyectamos nuestro ego en todas direcciones a todas las cosas, al punto que terminamos sintiendo que los sujetos y objetos que nos rodean, somos nosotros mismos.

A este caos, que nos transofrma en un ente profundamente irracional y superficialmente poderoso, hay que ponerle fin, estando atentos y serenos.

Una atenta serenidad, que nos permita ordenarnos, y ver la realidad como "lo que es", como verdad. El vertice de inflexion habla de segregar los simbolos de las cosas. Nuestras responsabilidades son solo eso, termina siendo mas grande el simbolo que le damos a un trabajo o un sentimiento o una idea, que el trabajo, el sentimiento o la idea misma.

Esta cualidad de estar atento y sereno al mismo tiempo, no es gratuita:

Desde los budokas japoneses a los estoicos griegos, se llega a una conclusion, que cada instante en la vida es unico, cada respiracion, puede ser la ultima, y que si seguimos este axioma, el mismo nos llevara a dar la vida en cada respiracion, sin preocuparnos por la siguiente, porque no sabemos siquiera si existe. Es la dicha de atravesar el camino, sin pensar en la meta final, ya que sea cual sea la que imaginemos, es falaz, porque al final, esta meta es la muerte, que justifica nuestro camino.

Solo pensar en ello da miedo. Respirar profundamente, inhalar todo el aire que se nos permita solo una vez y pensar que es la ultima, que no vendra una proxima ventilacion, que el final es proximal, que todo termina en este instante. Es tanto angustiante como por demas improbable, pero en algun momento llegara, lo cual lo hace posible, y la incertidumbre del momento es infinita.

Orden. Sacar el primate interno y revolcarse en el pasto, tomar agua, hacer el amor, nutrirse, adormecerse, reirse de nada, sentir el aroma a la tierra, y el sol en los antebrazos. Sacar el humano interno y cultivarse, imaginar, curosear, comunicar, darle un sentido puro a la vida, enseñar, entender y aceptar al otro humano, y al otro primate.

La atencion, la serenidad, y no apegarnos a los simbolos no es suficiente. Aparte, hay que dar la vida, en cada respiracion.

Al perder a alguien, hay que entender que, por mas tragico, prematuro, injusto y triste haya sido su final, es este el que le dio sentido a toda su vida. Que todos los simbolos y remembranzas que deja en nuestra cabeza ahora son realmente valiosos, pero que no son una parte nuestra, no son algo negativo, por mas que nos duela (lo cual es bueno), son solo eso....simbolos, valiosos, irrepetibles y eternos simbolos, que mientras se mantengan en equilibrio, le dan sentido a la vida.

julio 11, 2010

El miedo en 7 minutos

Estoy obligado a definirlo, a interpretarlo, a buscarlo. Es tan silencioso, tan latente, que se hace difícil. Para mi, y para cualquier humano. La complejidad del miedo reside en la confusión que dicta la experiencia, pero que se enarbola a un sinfín de calamitosas resultantes.
Pero si tomo el camino inverso, y miro para atrás, y hacia adentro, bien adentro, veo que es el origen, la semilla de todas estas reacciones en cadena.
Todo esto hace que vea, en una de esas epifanías completamente sedientas de epica, pero mediocres al fin, que el miedo, es el ancestro del sentimiento, y el padre mismo de la emocion, que como buen padre, protege y resiste y sofoca y mata, y ama. Sus hijas la ira, la envidia, la estimulacion y la pasión. Su hijo prodigo que es el odio, y su hijastro el amor. Su amante es la razón, con quien engaña a la verdad.
Es irrevocable, es intrínseco, pero es ausente. El asesino en las sombras que también es el guardián de la torre. Pero esto es falaz, porque no tiene símbolos, pero compensa con una hueste, una armada de terribles y hermosas mascaras. Entran entonces al algoritmo viejas doctrinas, que indican como menester el enfrentamiento, el estoque y la vivencia.
La idea de dejar de vivirlo (al miedo), es la más frecuente. El miedo al miedo mismo. Se eleva por encima de las mascaras, de la realidad, de la verdad, de la pasión y la euforia y las ganas de vivir. Se transforma en vacio, en un desierto dimensional y atroz, se asocia todo a esta pulsión, se llega a insospechados niveles de desapego, cinismo, y vacuidad. Se pierde el norte, el arriba y el abajo. En el vacio eterno, cualquier punto es igual a todos los puntos. Entonces se llega a ese instante, donde la quietud y la velocidad se ven a los ojos, y sospechan estar frente al espejo. Quietud, aislamiento, abulia, desapego, ataraxia….vacio.
La respuesta, quizás la única respuesta, es la espada. Sin disolver, sin rebajar, sin eludir. Degustar el miedo en su infinito espectro: miedo al sufrir, miedo al perder, miedo al querer, miedo al rechazar, miedo al quedarse solo y al agotarse de amor, miedo al trascender y a la mediocridad, miedo al descubrirse y miedo al ofuscarse. Sumergirse en este mar de vacilaciones, de sorpresas, de confusiones. Impregnarse del sufrimiento que producen, y entender que ese sufrimiento, no es un símbolo, no es un nombre, no es un concepto o un impulso nervioso o interpretación de la mente. Es una señal; la de estar vivos.
Entonces, entre la arena negra del vacío, una brisa de esperanza quita el polvo de nuestras pestanas. Nos indica un camino, sentimos una dirección, un vector a seguir, un punto de referencia. Seguramente ese camino nos lleve a una jungla, o tanto mejor, un laberinto, como los de Borges, con una entrada y una salida, galerías, recovecos, esperanzas, falsos finales, dinteles, mas miedos, balcones, escaladas, obsesiones, un centro, un terrible minotauro, el delirio de ser Teseo y las estrategias de la perfecta Ariadna. Todo, en prospectiva, es preferible al desierto.
El miedo, y sobre todo el miedo al dolor, es parte nuestra, es trágico, hermoso, e inexorable. Es deber, entonces, amar el dolor que nos causa enfrentar el miedo, y degollar el miedo al dolor. Y cuando este apremie, se endurezca y se haga terrible, y use las más pavorosas mascaras. Cuando suponemos el sufrimiento tan insoportable y torturante que la sola idea de aproximarnos a él nos quema como la más furiosa de las piras. En ese momento, tomar la espada, y darnos cuenta, que en este campo de batalla, si todavía sentimos dolor, es señal que todavía respiramos, todavía estamos vivos.